Cuento "De la tierra a Marte"
De la tierra a Marte
Antes que el planeta tierra fuera autodestruido, la Nasa
había elegido a Marte para habitarla. Entonces, se seleccionó a los seres más
extraordinarios que quedaban en ella, ya que no todos estaban preparados para
sobrevivir en Marte. Estos tenían que cumplir con ciertas características específicas,
las cuales fueron escogidas de manera minuciosa y escrupulosa, y sin que nadie
se percatase de los requisitos.
Después que todo estaba preparado y organizado, un miembro de la Nasa viajó a Marte a cumplir la misión más importante de su vida (llevar a los órganos especiales que habían de habitar en ese lugar) pues nadie más tenía este privilegio en el planeta tierra de encargarse de transportar a “los elegidos”. Entonces, inmediatamente finalizó su cometido regresó a su amado planeta tierra para fenecer con ella.
Para su llegada a Marte, los elegidos fueron traídos a
través de un mecanismo exclusivo, el cual era muy preciso e higiénico, pero a
la vez poco inverosímil (un zapato gigante). Del cual estos estuvieron emergiendo
uno por uno inertes, ajenos a la función que debían desarrollar. De paso, no
trajeron equipaje, el espacio se lo impedía, solo estaban sus cuerpos incautos
e inocentes. Excitados y extrañados por el ambiente desconocido.
La primera en romper la tensión fue Gelmarlin, quién
fue la que meticulosamente eligió cada pieza del grandioso grupo que estaba en
Martes. Esta con su voz fragante y apacible inicio expresando la finalidad que
como grupo tenían cada uno en ese planeta. Primero le refirió a su padre Juan
Ramón Mota que debía estar ahí para guiarla, amarla y protegerla. Su madre
Elianny también debía amarla y a la vez comprenderla. Luego, miró a su profesor
Israel con tanta admiración y le reveló su trabajo en ese lugar, el cual era
ayudar a desarrollar las habilidades que él solo conocía de ella. Después,
dirigió su mirada a sus amigos, Carlos y Ruth diciéndoles que siempre debían
estar ahí para escucharla y apoyarla.
Entonces, se detuvo un momento… y mostró una sonrisa,
y mencionó a su compañera ideal Sarah, informándole que ella debía ser su confidente.
También a su hermana Yahaira, para que le ayude a conocer las incoherencias que
tiene el amor en la familia. De pronto, buscó y miró varias veces y soltó una
carcajada cuando observó a su compañera de cubículo Génesis, a quién le avisó
que siempre debía estar ahí para animarla en los momentos más tristes. Asimismo
camino hacia a su psicóloga Noemí, le tomó de la mano, y le repitió varias
veces que ella estaba a cargo de analizar las actitudes que no vinieran de tu
ser, de su esencia, de su alma. No obstante, cuando pensó que había terminado,
se sintió vacía. De repente, reveló un nombre ¡Anabel¡ lo dijo con un brillo
fluorescente en sus ojos “¡Tú nunca puedes faltar! eres mi confidente
espiritual”. Esta tenía que guiarla en la búsqueda su plenitud espiritual, la
función más compleja y sagrada.
Cuando ellos vieron que Gelmarlin había terminado,
quisieron agasajarla todos al mismo tiempo y demostrarle su amor para empezar desde
ya a desarrollar sus funciones. Pero…de repente, el cuello se sentía rígido, se
escuchaba un sonido a lo lejos. El calor comenzaba a molestar, era extraño, la
luz tomó vivacidad. Los ojos parecían estar dominados, estaban cargados de una
energía jadeante, tomaron fuerza, se abrieron. Estaba al lado de una laptop, tenía
un dispositivo en sus orejas que parecía encarcelarla, eran unos audífonos. Alguien
la estaba llamando, “¿Gelmarlin, me escucha?” el maestro Juan Ramon Mota la
estaba nombrando para que participara en una de las actividades de la clase de
Redacción Académica. Cuando pudo interpretar lo que sucedía, se dio cuenta que
solo era un sueño, de esos que parecen ciertos, pero no lo son. De esos que se considera
que durmiendo nuevamente se lograrán recuperar. No era el caso, ya era tarde,
solo le quedaba responderle al maestro, que a la vez esperaba por ella.
De: Gelmarlin Rosario De Los Santos (7/14/2021)
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